El propósito de la evaluación

01 April 2019 / 09:00 hrs

“Pero no me crea sólo porque yo lo digo, mírese al espejo y véalo por usted mismo.”

Ronald Laing

 

Actualmente la evaluación es vista como un castigo, como un obstáculo para lograr las metas. Hoy como nunca se ha desprestigiado el proceso evaluativo, y es es por esto necesario revisar el propósito de la evaluación y el porqué se ha llegado a la conclusión de que la evaluación es solamente un castigo. Hace falta un cambio de cultura evaluativa.

 

 

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Hace algunos años cuando en la escuela el maestro nos pedía sacar una hoja de papel, un escalofrío nos recorría el cuerpo, nuestra mente se quedaba totalmente en blanco y aquello que sabíamos con certeza se esfumaba de nuestra cabeza, eran muy pocos los inmunes a estas palabras y salían victoriosos de la prueba.

Pero, ¿por qué? Nadie nos había avisado, ¿qué habíamos hecho para merecer el mayor de los castigos? un examen sorpresa.

Hoy las cosas han cambiado muy poco, todavía se experimenta con la idea punitiva de la evaluación, buscando errores y dando como retroalimentación únicamente un número escrito en rojo.

Este terror a la evaluación es un fenómeno que ocurre en todos los niveles y en todas los campos de acción, de hecho lo acabamos de presenciar con los maestros. Ellos, los principales evaluadores, nunca habían sido evaluados, ya que al obtener su plaza no volvían a presentar un solo examen. Las razones podrán haber sido muchas, sin embargo, el que se percibiera que podrían ser sancionados causó un rechazo inmediato a la misma.

 Y es que cuando la evaluación no tiene un propósito determinado o no tiene un objetivo claro, pierde su sentido original de mejora y pasa a ser solamente una crítica injustificada.

Estos fenómenos, el no tener una finalidad determinada, y el temor hacia las calificaciones, son los que han empañado los beneficios que ofrece este proceso, pues ser evaluados nos da la oportunidad de reconocer dónde estamos, es la posibilidad de alcanzar nuestras metas de una manera más fácil.

Conocer nuestras áreas de oportunidad, nos permite tomar las decisiones más adecuadas para mejorar por medio de un juicio transparente, que es el punto medular de la evaluación.

 

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La evaluación se nutre de calificaciones y mediciones para, mediante un proceso sistemático, formular juicios de manera objetiva y razonada sobre un objeto determinado. Estos juicios se dirigen a la toma de decisiones que, en el caso de la educación, afectan la vida de todos los actores educativos.

Es por eso que debemos conocer las funciones de la evaluación y no perdernos en un sinfín de mediciones que no lleguen a nada en lugar de ser el inicio del proceso desde el cual inicia el camino a la calidad.

La evaluación puede cumplir con varios propósitos uno es la mejora educativa en la que utilizamos su resultados para identificar los problemas de aprovechamiento de los alumnos, proporcionarles retroalimentación y, con base en esto, mejorar la planeación de tal manera que los problemas detectados puedan ser superados.

Otra finalidad es identificar qué es lo que saben los estudiantes, en qué grado han logrado hacer suyos los conocimientos o habilidades establecidos en el programa, lo cual puede servir al maestro para modificar su trabajo en grupos posteriores y a la escuela como una manera de rendir cuentas a la sociedad.

  En ambos sentidos, podemos vislumbrar la evaluación como si estuviéramos ante un espejo, podemos llevar a cabo frente a él el proceso de arreglarnos, revisar qué ropa nos sienta mejor, peinarnos el cabello, decidimos si usar o no maquillaje, siempre de acuerdo a la ocasión, o lo que es lo mismo a nuestra meta, o solamente, observar el resultado final.

Es posible arreglarnos sin la ayuda del espejo, pero los resultados no serán iguales. Incluso es posible que no sepamos nunca si nuestro arreglo fue o no adecuado.

Si contamos con un instrumento de evaluación, que en este caso es el espejo, podremos pronunciarnos con base en lo que vemos y orientar nuestros pasos en el sentido de ese pronunciamiento. Vista así, la evaluación es una oportunidad de mejorar y cumplir con nuestro objetivo de una manera más fácil.

 Mirarse al espejo es un acto de valentía, cuesta reconocer nuestros errores y aceptar que debemos cambiar, pero cuando nos damos cuenta de que es la única manera de ser mejores, nuestra visión de la evaluación se modifica y logramos verla como una herramienta indispensable para la mejora educativa.

Es cierto que la evaluación por sí misma no va a mejorar la educación, es solamente el primer paso para saber qué camino vamos a tomar, pero un paso fundamental para la toma de decisiones.
Conoce más...

Dra. Claudia Ochoa Millán.

Coordinadora del Doctorado en Evaluación Educativa.

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